miércoles, 25 de octubre de 2017

INDIGENSAS

El pueblo donde reciben a los indígenas trans desterrados

Son las 10 de la mañana. Es sábado, día de mercado en Santuario, un municipio cafetero de Risaralda. El parque principal, rodeado de casas de dos pisos, con balcones de colores, está atestado de visitantes del campo y de jeeps Willys cargados con bultos de café y plátanos, y entre esos remolinos humanos hay dos jóvenes emberas vestidos de mujer.
Se llaman Mayeli y Leidy, dos indígenas trans que en silencio han sido desterradas a vivir en este municipio, lejos de sus comunidades, porque no las aceptan. Las acompaña Yeison Wasorna, otro embera que es compañero sentimental de Mayeli desde hace cuatro años.


Los emberas no pasan inadvertidos entre los campesinos. Son de baja estatura y ademanes delicados. Mayeli luce el típico atuendo de las mujeres emberas: un vestido con falda corta, con corte de cabello de mujer y rostro maquillado en el que resaltan la pestañina, el delineador, el rubor y los labiales rojos. Leidy viste blusa con un short.

Además de Mayeli y Leidy, otros indígenas homosexuales comienzan a verse en el parque. Los llaman ‘primos’. Los propios indígenas les dieron ese nombre porque ya no son considerados hermanos, como se llaman entre ellos.





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